lunes, 30 de julio de 2012

Joan Miró - 1940

Pájaro lunar - Escultura
Pájaro solar - escultura

Mujer soñando con la evasión

Mujer, pájaro, estrellas


Joan Miró - 1950

Estela de doble cara
El cielo entreabierto nos devuelve la esperanza


Joan Miró - 1960

Pintura sobre un fondo blanco para la celda de un solitario
Personaje delante del sol

Payés catalán en el claro de luna

La caricia de un pájaro - Escultura
El oro del azur
El ala de la alondra auroleada
Cabello perseguido por dos planetas








Joan Miró - 1970

Tapiz de la fundación - Textil
Cabeza coronada - Escutura

La esperanza del condenado

La sonrisa del condenado





jueves, 24 de mayo de 2012

Las vanguardias y la modernidad

Pintores surrealistas

Salvador Dalí

































El surrealismo, corriente de vanguardia
          
            El surrealismo ha sido considerado un movimiento de modernidad y de vanguardia, si bien esta última adscripción está siendo cuestionada recientemente debido a su peculiar concepto del tiempo.
La palabra «vanguardia» está tomada del lenguaje militar y se aplica a los que se anticipan abriendo camino. Los vanguardistas también van por delante en el terreno artístico, como es el caso del cubismo de Braque y Picasso, –en la primera década del siglo XX–, del futurismo, del expresionismo, de la abstracción y del movimiento dadá, antecedente de la corriente surrealista, que en un principio es literaria e incorpora más tarde a las artes plásticas.
Los pintores vanguardistas adoptan una actitud de ruptura con el arte tradicional, ya que no quieren pintar imitando ni mirando el objeto desde un solo punto de vista, por lo que multiplican los planos haciéndolos instantáneos y liquidan la perspectiva lineal tradicional; no pintan la realidad que los rodea sino sus realidades internas o el sentimiento que les produce lo que viven u observan. Descomponen las formas de los objetos representados –en ocasiones, en cubos o triángulos, como los cubistas–, usan los colores de una manera arbitraria.
Prescinden del concepto de belleza tradicional en sus cuadros, introducen en ellos elementos de la vida cotidiana como trozos de periódicos y revistas que pegaban con cola, de ahí el nombre de colages. Se fijan en la sencillez y expresividad del arte primitivo, africano o ibérico.
Como lógica consecuencia del proceso de alejamiento de sus clases protectoras en el pasado, «clases aristocráticas, alto clero, burguesía», muchos artistas, en la búsqueda de su independencia, conocen la pobreza y se solidarizan con las clases oprimidas, con lo que derivan hacia posiciones revolucionarias militando en partidos de izquierda.
Reniegan de la sociedad en la que viven, especialmente después de la Primera Guerra Mundial, intentando transformarla mediante el arte. Los dadaístas llegaron más lejos y de una manera radical negaron todo valor a la cultura y al arte utilizando el arma de la provocación para escandalizar a la burguesía, en especial a los banqueros y militares, a los que responsabilizaron de la guerra.

La pintura surrealista

La pintura surrealista aparece por primera vez en público en una exposición de 1925 en la galería Pierre, en París, y desdeña el arte producido por el pensamiento consciente y por la planificación racional de la obra. El artista no planea su creación, sino que la deja surgir llevado por lo irracional y por unos estados anímicos que liberan lo más profundo de sí mismo. El pintor surrealista se deja conducir por los sueños, las alucinaciones, el azar y el erotismo, que son un método de conocimiento donde el ser humano se percibe, y capta la realidad de otra manera. Breton, en su libro de 1928 sobre El Surrealismo y la pintura, se declara freudiano con convicción al afirmar que «(...) el inconsciente es la dimensión de la existencia estética y que (...) el arte no es representación sino comunicación vital del individuo». Los pintores surrealistas no intentan explorar la naturaleza en sus cuadros, sino su mundo interior, la expresión de otra realidad, la de lo más recóndito de sí mismos.
Persiguen esa nueva realidad basándose en la síntesis de los contrarios o punto de encuentro entre lo posible y lo imposible, el bien y el mal, lo racional y lo irracional, la vigilia y el sueño, que son, para ellos, manifestaciones de la totalidad del dualismo humano.
Propugnan métodos pictóricos como el automatismo plástico conseguido a través de gestos inmediatos, por ejemplo el frottagge o la decalcomanía. El método practicado por Dalí es el de expresar los sueños y las alucinaciones pero a través de las «imágenes dobles» o «múltiples» que implican un mayor control de la inteligencia.
Las imágenes pintadas por los surrealistas son insólitas, sórdidas, absurdas, cómicas, trágicas, eróticas con una prevalencia clara de la simbología sexual, de formas libres, incongruentes y enigmáticas que sorprenden y escandalizan.
El ropaje o forma es figurativo, aunque no siempre. Usan otros procedimientos no exclusivamente pictóricos como la fotografía y el colaje.
Todo esto aportará, según los surrealistas, una nueva fuerza al arte, que además debe desprenderse de su preocupación por la belleza y la moral. El surrealismo se desvanece tras la Segunda Guerra Mundial.
Pintores surrealistas sobresalientes son Miró, Ernst, Dalí, Magritte, Masson, Tanguy, Devaux. A la segunda generación del surrealismo pertenecen Óscar Domínguez, Brauner, Matta, Esteban Francés. En algún momento, vinculados al movimiento, estuvieron Duchamp, Arp, Picasso, Chagall y Klee.
En su libro Posición política del surrealismo, Breton teoriza sobre las soluciones a la crisis del hombre y la sociedad asumiendo las siguientes proclamas:

Transformar el mundo, dijo Marx
Cambiar la vida, dijo Rimbaud
Es necesario soñar, dijo Lenin
Es necesario actuar, dijo Goethe.

René Magritte


Joan Miró
Yves Tanguy
Óscar Domínguez

Max Ernst



El surrealismo



El surrealismo es un movimiento de vanguardia de origen francés, en principio sólo literario, que surge alrededor de 1920 entre los colaboradores de la revista Litterature como el poeta Paul Eluard y Breton, ensayista, poeta y psiquiatra. Este último, junto con Soupault, publica en 1922 Los Campos Magnéticos siguiendo el modo de «escritura automática», que consiste en liberar a la conciencia de las ataduras racionales y producir obras autónomas y delirantes capaces de sorprender estéticamente. El término «surrealismo» lo había empleado por primera vez el escritor Apollinaire en 1917, quien ya había defendido la escritura no dictada por la razón: “Cuando os sintáis secos, escribid cualquier frase y seguid adelante”.
Pablo Picasso
En 1922 se unen al grupo Picabia, Man Ray y Max Ernst, interesados también por lo inconsciente, lo absurdo y los sueños. El grupo deja de ser exclusivamente literario para extenderse hacia las artes plásticas y el cine. En 1924 André Breton, líder del grupo, publica  El Manifiesto surrealista, en el que se proclama el «puro automatismo» basado en la «creencia de una superior realidad de ciertas formas de asociaciones (...), en la omnipotencia del sueño».
El surrealismo adopta como propias las formulaciones de Freud sobre el sueño y el mundo de la racionalidad del hombre en donde el inconsciente actúa como de desván oculto en el que quedan atrapados los instintos sexuales y agresivos reprimidos por las imposiciones morales que impiden la libertad humana.
Los surrealistas, que pertenecen a la generación de entreguerras y que viven la profunda crisis de la civilización occidental –fascismo italiano, régimen nazi en Alemania, opresión de la clase obrera–, se rebelan contra la corrupción de la sociedad burguesa y apuestan con firmeza por la revolución en su deseo de transformar el mundo. Por esto se afilian a los partidos marxistas, que pretenden crear las condiciones para lograr la liberación material del hombre. Los surrealistas pretenden cambiar no sólo la vida personal sino la estructura social del mundo en el que viven. Avanzado un tiempo la militancia en los partidos comunistas se torna polémica y es origen de disensiones y de expulsiones del movimiento.
Anticipábamos en el epígrafe anterior que, según teorías recientes, los surrealistas se diferencian de otros movimientos contemporáneos, como el futurismo o el cubismo, en que perteneciendo a una corriente de arte moderno son anti vanguardistas, al igual que los dadaístas –a los que, incluso, se niega el carácter de modernos–, debido a su especial y paradójico concepto del tiempo en el que se mezclan ideas contradictorias e ilógicas como recuerdo, anticipación y experimentación del futuro como pasado. No son vanguardistas, afirman algunos estudiosos, por su subjetividad y porque se conducen por el azar y el humor.
Después de la Segunda Guerra Mundial se fracturó la unidad ideológica y abundaron los enfrentamientos entre los miembros del grupo, terminando algunos por abandonar el movimiento.

Francis Picabia



Man Ray

Salvador Dalí


Identificación con el hermano muerto

En el curso de las mismas charlas con el crítico francés, surge otra obsesión: la iden­tificación, la fijación con la imagen del her­mano muerto antes de nacer él y que tam­bién se llamaba Salvador:
"La cuestión fue resuelta el día 5 de junio de 1950, el día en que nuestro común ami­go, el doctor Pierre Roumeguére, me leyó su tesis sobre el mito dioscúrico de Dalí. Entonces experimenté con mi incomparable estremecimiento la verdad absoluta por pri­mera vez: una tesis de psicoanálisis me ha revelado el drama que se descubre en la base misma de mi estructura trágica. Se trata de la presencia ineluctable, en el fondo de mí mismo, de mi hermano muerto, que mis padres habían adorado con cariño tan superlativo, que en el momento de mi na­cimiento, me pusieron el mismo nombre, Salvador. El choque fue violento, como el de una revelación. Eso explica también los terrores que me acometían cada vez que yo penetraba en la habitación de mis pa­dres y contemplaba la fotografía de mi her­mano muerto: un niño muy bello, todo cu­bierto de encajes y cuya imagen había sido retocada hasta tal punto que por contraste, durante toda la noche, yo me representaba este hermano mío ideal en un estado de putrefacción completa. No sólo me dormía con la idea de mi propia muerte, al par que aceptaba que me hablaba en el interior del ataúd por fin en estado de reposo. Gra­cias a la tesis del doctor Pierre Roumeguére pude comprobar que un mito arquetípico como el de Castor y Pólux tenía, para mí, un sentido de realidad visceral. La experien­cia por las entrañas ha confirmado la es­tructura mental de mi ser."

Retrato de mi hermano muerto


Una réplica de Freud

Nunca se supo bien qué ocurrió cuando se entrevistó con Freud. Pero en un reportaje reciente dice algo que indicaría que la visita fue para Dalí acaso el contraste más grave que le ocurrió en el campo de la teoría: "Un día (Freud) pretendió, ante mí, que los surrealistas no le interesaban. Y como me asombré, sabiendo de qué manera se funda­mentaban en él, me dijo: “refiero los cua­dros en los que no hallo ninguna huella aparente de surrealismo. A esos sí, los es­tudio. Allí encuentro tesoros del pensamien­to subconsciente”.

Sigmund Freud

                                       Lorenzo Varela – Centro Editor América Latina