martes, 28 de agosto de 2012

IMÁGENES EN CONFLICTO - René Magritte


Las bellas realidades, 1964
Los términos de la relación entre la manzana y mesa aparecen completamente invertidos: escala, posición relativa y ubicación- flotando en el aire, con el mar o el cielo de fondo-. La idea habitual de que una manzana se nos ofrece como posible manjar sobre una mesa encuentra así un revés insólito y subversivo.



La idea, 1966
La manzana no sustituye exactamente a la cabeza del personaje, aunque su similitud formal permita decir que alude a ella; más bien pone de relieve su ausencia, como si la flecha de Guillermo Tell hubiera marrado su destino. En El arte de vivir, pintado un año después, la cabeza del personaje ha sido reemplazada por un disco solar en cuyo centro aparece un rostro.



Las relaciones peligrosas, 1936
El espejo es un recurso poco frecuente en la pintura de Magritte. El artificio es similar al de los cuadros pintados ante una ventana que se confunden con el paisaje que representan, sólo que la imagen reflejada completa y contradice a la vez a la que oculta. Sin duda, es uno de los ejemplos más claros de las imágenes en conflicto.



Los valores personales, 1952
La perplejidad de los objetos y máquinas inútiles es uno de los temas favoritos de artistas relacionados con el dadá y el surrealismo –Picabia y Duchamp, por ejemplo-. El cambio de escala de los objetos desactiva su utilidad al tiempo que activa su poder de subversión. El juego de oposiciones culmina con la trasformación de las paredes que cierran la habitación en un cielo nublado característico de Magritte.



La búsqueda de la verdad, 1966
La confrontación entre interior y exterior –luz y oscuridad- transcurre en paralelo a la enigmática confrontación del pez y el cascabel en primer plano, claves de un enigma de imposible resolución.




El sacerdote casado, 1950
Magritte realizó al menos una versión más de este cuadro diez años más tarde. El título procede de un relato escrito por Barbey D´Auverilly en 1865, en el que un sacerdote casado y su hija se ven abocados a un trágico final. Los antifaces humanizan de forma perturbadora a las dos manzanas, y el cielo nublado y revuelto del fondo parece subrayar el clima de la escena.

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