domingo, 12 de agosto de 2012

Una pintura sin objeto - Wassily Kandinsky



           Los años que van de 1910 al principio de la Primera Gue­rra Mundial son definitivos en la conquista por Kandinsky del que ya será para siempre su propio territorio pictórico. El sesgo claramente no figurativo de su obra determina la ruptura con la NKVM, que en 1911 rechaza exponer Composición V con el peregrino argumento de que su formato no cumplía los requisitos reglamentarios de la asociación. Kandinsky estrecha, a raíz de ello, su amistad con Franz Marc y el músico Arnold Schönberg, dos piezas funda­mentales en la gestación de El Jinete Azul. Empieza a intere­sarse también entonces por la teosofía, que provee de referen­cias espirituales su labor artísti­ca. Los cuadros prescinden ya de la representación; apenas algunos rasgos aluden de vez en cuando a figuras y objetos, que son una referencia simbólica sobre el significado del cuadro, pero no su tema. Estas peque­ñas anclas figurativas revelan la conciencia de fundación de una nueva pintura que vive ahora Kandinsky: el diluvio, el apocalipsis, la barca que se adentra en un lago hierático y desconocido son imágenes de la regeneración, pero el tema del cuadro es sólo el conflicto de masas vibrantes de color, y su objetivo, hacer "sentir lo espiritual en las cosas mate­riales y abstractas".

Composición IV, 1911.
El arco iris, que despunta entre las montañas, proporciona la clave cromática: un acorde azul, amarillo y verde con breves apuntes rojos. Las figuras apenas son una plantilla superpuesta a las armonías de color.

Improvisación XIII, 1910.
Los cuadros en los que el contenido figurativo se ha disuelto por completo en el color son aquellos que mejor muestran el estado de evolución de la pintura de Kandinsky en estos años previos a la Primera Guerra Mundial. Aquí las masas de color están contenidas por gruesos trazos negros, como si fueran sombras proyectadas.

Impresión V (Parque), 1911.
Aunque se desencadena a partir de un motivo percibido, el vestigio figurativo es independiente del acorde de colores primarios que constituye la verdadera sustancia del cuadro.

St. George II, 1911.
En torno a una diagonal amarilla se agrupan zonas de color entendidas como vectores espaciales. La organización del cuadro recuerda los procedimientos de generación de espacio propios del cubismo, aunque, por la fecha del cuadro y la decantación del gusto artístico de Kandinsky, no resulta fácil hablar de una influencia directa.

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