domingo, 12 de agosto de 2012

La imaginación popular - Wassily Kandinsky


Kandinsky pasó buena parte de su infancia rusa al cuida­do de su tía Elisabeth Ticheeva, que tenía por costumbre leerle cuentos populares rusos y ale­manes. En 1889 la Sociedad de Ciencias Naturales, Etnografía y Antropología lo envió en misión científica a Vologda, al norte de Rusia, para estudiar el derecho agrario y los vestigios de religiones precristianas en la cultura de la zona. Estos dos hechos prueban su temprano interés por el folclore y la cul­tura popular, uno de los temas constantes en el interés de la tradición romántica de los paí­ses del norte de Europa. En Munich, Kandinsky sigue explo­tando esta veta, como conse­cuencia de la cual son frecuen­tes en sus primeros años los cuadros que recrean leyendas y tipos populares rusos y alema­nes. Merece destacarse su hon­do interés por una tradición específicamente bávara, la de las pequeñas pinturas votivas sobre vidrio de los siglos XVIII y XIX, que representaban de modo ingenuo, a modo de viñe­tas, escenas religiosas: el almanaque El Jinete Azul, publicado en 1912, reproducía en sus páginas la colección de Krötz un maestro cervecero de Murnau, junto con estampas populares de distinto origen cultural Kandinsky buscaba en el alma popular rastros de esa vibra.ción  espiritual no contaminada por la mediación de la cultura: de ahí que él mismo, que nunca olvidó los iconos de su Rusia natal, hiciera pinturas sobre vidrio y grabados en madera siguiendo la tradición alemana.


Canto del Volga, 1906
El pintor evoca el ambiente de las leyendas populares rusas de su infancia con el sentido decorativo del Jugendstil alemán. No es extraño que acentúe los elementos ornamentales –los iconos en los mástiles, los mascarones labrados de las embarcaciones- sin perder por ello el vigor en el tratamiento de la escena.


Canto del Volga - 1906

No hay comentarios:

Publicar un comentario