Damas en miriñaque - 1918
Pintura-cristal con sol, 1910.
La
pintura bávara sobre vidrio debió de recrear en Kandinsky la viva impresión de
los iconos rusos. El detalle de pintar el marco lo toma de la tradición
modernista, que entiende la obra como una síntesis decorativa.
Fiesta
de Todos los Santos, 1911.
Aunque aquí glosa, de
forma casi literal, la ingenua religiosidad de las pinturas sobre vidrio de la
colección Krötz, ese mismo año pintó, también sobre vidrio, una versión
abstracta del mismo tema.
Dama en Moscú, 1912.
Son raras las ocasiones en que Kandinsky
retoma la veta figurativa tras haberla abandonado, pero cuando lo hace es casi
siempre para ocuparse de recuerdos asociados a su infancia rusa. La frontalidad
hierática de la figura central está tomada de los iconos, y el ambiente
general, con misteriosos personajes flotando en el espacio, recuerda las
fábulas pintadas de su compatriota Marc Chagall. La gama de azules, amarillos y
rojos es, sin embargo, la característica de la pintura de Kandinsky en estos
años.
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